12 may. 2010

La vida-chat - Lota Moncada


La conexión cayó en medio a un chat. El reflejo en la pantalla maldice a las telefónicas (pulsos, tonos, módems), y de paso a Graham Bell...
Me alejo de la máquina - es necesario pensar - pero una mano, independiente, te rastrea.

Tuc, Tuc, Tuc... Ocupado... Tuc, tuc, tuc...

En el pecho la angustia, eco cibernético del enorme descontrol, me tiene.
Decido emborracharme, pero nueva frustración y el recuerdo: ni una triste botella de licor ¡sólo bebo agua mineral sin gas!

En flash, reflexión desesperada: ¡Suicidio inmediato… o nueva conexión!
Melodramática y sobria elijo la segunda opción, mientras el monitor, canalla, parpadea en corazón.

Con saña ( y la flecha del cursor) le lanzo la clave. Se siente herido y pide tiempo.
Su ronco suspiro me apena, un viejo Pentium II con 64 mega ¡lo más obsoleto de toda la Invención!

En fin aparece una tregua. El tembloroso mouse recorre usuarios online. Son miles, millones, desconocidos botones, consternada, constato que tú no.

Irreversible decisión: huyo a la Cuesta de Cucamonga (Km. 167 carretera Panamericana-Norte Estelí, Nicaragua), en una balsa, haciendo dedo, ¡como salga!
Vade retro nexos cibernéticos luz eléctrica, telefonía, basta de nicks, ids, perfiles hasta nunca tecnología. Alguien habrá que se comunique a la antigua tambores, maracas, palomas mensajeras, señales de humo, cartas a lápiz o tinta, código Morse, telegrama, pero que siga apenas la eléctrica arritmia de un humano corazón.

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